Quien llega por primera vez
Necesita referencias simples y repetidas: una flecha, un número de piso, un color que vuelva a aparecer en el próximo tramo. La información esencial va en el punto de decisión, no en un cartel lejano.
Un sistema de orientación no se diseña para un usuario promedio, porque no existe. En un hospital o en una sede administrativa conviven ritmos, edades y capacidades muy distintas, y las señales tienen que responder a todas sin volverse un ruido de carteles.
Necesita referencias simples y repetidas: una flecha, un número de piso, un color que vuelva a aparecer en el próximo tramo. La información esencial va en el punto de decisión, no en un cartel lejano.
Requieren tipografía de trazo grueso, tamaños generosos y contrastes verificados. También importa la altura de instalación: el cartel debe leerse de pie y desde una silla de ruedas, sin reflejos que deslumbren.
Se apoyan en pictogramas de silueta simple y trazo universal. Cuanto menos detalle interno tenga el ícono, más rápido se reconoce desde lejos y con poca luz.
Convive a diario con las señales y necesita que no interfieran con su trabajo. Un sistema bien jerarquizado reduce las consultas repetidas en mostrador y libera tiempo para las tareas que sí lo requieren.
Piden piezas resistentes, fáciles de reponer y con criterios de montaje documentados. Si cada cartel se instala distinto, el sistema pierde coherencia en pocos meses.
Buscan criterios verificables: contraste AA, recorridos continuos y mapas de apoyo que no saturen las paredes. Todo queda asentado en un manual de aplicación para futuras ampliaciones.
Cada decisión de diseño se apoya en un relevamiento previo de los recorridos reales. Podés ver cómo aplicamos estos criterios en las prestaciones del estudio o conocer nuestro enfoque de trabajo.
En un edificio público conviven públicos muy distintos. El sistema de orientación tiene que responder a todos sin sumar ruido visual ni obligar a nadie a preguntar dos veces.
Necesita referencias simples: una flecha clara, un número de piso visible y un color que se repita en cada tramo. Cuando esas tres cosas coinciden, la persona deja de dudar en los cruces y avanza sola.
Requieren tamaños generosos, tipografía de trazo grueso y contrastes altos verificados. Un cartel legible a tres metros cambia por completo la experiencia de quien camina despacio o se apoya en un bastón.
Se apoyan en pictogramas universales de silueta simple. Si el dibujo es claro, el idioma deja de ser una barrera y la persona encuentra baño, farmacia o consultorio sin depender de nadie.
Convive a diario con las mismas señales y necesita que no interfieran con su trabajo. Ubicar la señalética fuera de las líneas de atención evita interrupciones y mantiene el mostrador despejado.
Reponen piezas golpeadas o desgastadas. Un sistema modular, con soportes estándar y materiales resistentes a la humedad, permite reemplazar una placa sin rehacer todo el conjunto.
Priorizar la información esencial en cada punto de decisión y reservar el detalle para los mapas de apoyo. Así las paredes no se saturan y cada señal cumple una función concreta.
Si querés ver cómo aplicamos estos criterios en un edificio real, podés revisar criterios de señalética accesible o escribirnos desde contacto.